sábado, 13 de junio de 2015

Propiedad intelectual vs. Protección infantil


No hay duda de que existen causas nobles por las que vale la pena batirse el cobre, y que una de esas grandes causas bien podría ser la defensa de la propiedad intelectual, el pan de los “probes artristras”, y todas esas cosas.  Y no debería de ser yo quien alzara la voz contra la propiedad intelectual, pero me permito hacerlo porque ya he perdido definitivamente la esperanza de vivir de ella.
En sentido estricto esto no es un alegato contra la propiedad intelectual (refiriéndome sólo a los productos culturales), a la que respetaré en cuanto la pobreza me lo permita, sino contra su aparente constitución como principio sagrado de una sociedad madura, desarrollada. Veamos por qué:
En virtud de la defensa de los derechos de propiedad intelectual, se ha legislado para convertir al estado en mamporrero de una sociedad de gestión privada, al tiempo que se hace añicos la presunción de inocencia (canon digital), el habeas corpus, el sentido común y todas esas milongas por las que alguna vez algunos pensaron que valía la pena derramar su sangre o la de otros (preferiblemente). En virtud de esos derechos de unos pocos, de pronto un órgano administrativo ha asumido competencias judiciales para obligar a los proveedores de Internet a cerrar o bloquear el acceso a esas perniciosas webs, entre las que se cuenta, tal vez, el blog que alberga este texto.
¡Eso es protección y lo demás son cuentos!. Si señor. Con un par.
Sin embargo hoy, en nuestro país, un niño de ocho años puede acceder libremente a una web pornográfica en la que cinco mastuerzos penetran a un cacho de carne que una vez fue una persona, o a recibir en su correo electrónico una snuff movie que reproduce el meticuloso trabajo de unos narcos mejicanos separando la cabeza del tronco de su víctima, o puede pasar a formar parte de un chatroulette para disfrute de pederastas varios.Y digo yo: ¿Se pueden bloquear las webs piratas y no se puede hacer lo mismo con aquellas que no establezcan los filtros adecuados para garantizar la mayoría de edad de sus usuarios?. ¿Por qué se preserva como derecho sacrosanto la propiedad de un artista pero se deja expuesta la integridad del menor?. ¿Por qué cualquier creación audiovisual (o textual, como es este caso) merece más protección que la psique en formación de un menor?. ¿Qué tipo de sociedad puede considerarse madura si no arbitra los medios para el adecuado crecimiento de sus futuras generaciones?
Los medios existen. Siempre han existido. Pero hacer lo correcto es difícil. Sobre todo si no recibes votos por ello (o tu parte del botín). 
Y aunque triste sea decirlo, hoy en día en este país tomar una medida política con un carácter estrictamente moral (e impedir que menores accedan a pornografía lo es) parece cosa de otro siglo… o de otro mundo.

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