domingo, 14 de agosto de 2016

A VECES VEO GENTE TWITEANDO

El autor de este post se reconoce de esa generación de españoles de a pie que no acaba de entender el fenómeno Twitter. 
No porque le supere tecnológicamente (más o menos el autor de este post se defiende con la interné, su aifon y el jepeése). No, se trata más bien de una cuestión, digámosla así, psico-sociológica. 
Veamos.
 Si entiendo el mecanismo de Twitter, ahora mismo me podría poner como seguidor de (por ejemplo) David Bisbal. O del futbolista  Puyol. O del sobrevaloradísimo Nacho Vigalondo (bueno, eso si no hubiera sido socialmente estigmatizado por el pecado de hacer una broma con la palabra “Holocausto” dentro).  Entonces, recibiría en tiempo real los comentarios que estos sujetos quieren twittear en cualquier momento del día, en 160 caracteres . Esos comentarios, por su límite de espacio, suelen ser valoraciones breves sobre la actualidad, comentarios personales, o bromas y chistes sobre su entorno y amigos. 
Bien. Vale. 
Pero, aunque yo  fuera aficionado a Bisbal y culé hasta la médula ... ¿qué narices me importa las opiniones, ocurrencias y  vida privada de estos señores’ ¿Qué me importa lo que piensan o dejan de pensar? ¿Les conozco en persona? No, de uno sólo conozco sus canciones, y del otro su desempeño en el campo de juego. ¿Son humoristas cuyos comentarios son siempre inteligentes, ácidos y que hacen reflexionar? Pues... no.  ¿Entonces?
  Ah, ya oigo una respuesta al fondo de la sala, “mire usted bloguero de tres al cuarto, es que son ídolos de masas y a sus seguidores les encanta tener en su móvil o smartphone mensajes personales de ellos”. Ya. O sea, que ya no nos basta con tener como ídolos a personas de carne y hueso cuyo único mérito es cantar “bien” o patear una bola. Ahora además la tecnología nos permite sentirnos “cercanos” a ellos. Y de paso alimentar nuestra continua necesidad de estímulos e información externa (que ésa sí que es la droga de nuestro tiempo).
Perdonen pero no lo entiendo. Yo creía que el fenómeno “fan” sólo afectaba a jovencitas quinceañeras de hormonas alteradas que se derriten frente al JustinBieber de turno. Pero resulta que no, que ahora a casi todo el mundo le gusta ser “follower” de un ídolo de masas, para sentirse “próximo” a él. Pero entonces... ¿a eso dedicamos nuestras neuronas? ¿Para leer ESO?  Cuarenta siglos de desarrollo de la cultura occidental, la invención de la imprenta, el siglo de oro español, las aventuras de Dumas,  la obra de Conrad, los ensayos de Chesterton, el asesino dentro de mí de Thompson, los laberintos de Borges, el capital de Marx, el Harlem de Chester Himes, los desdoblamientos de Dick, el proceso de Kafka, todo, todo, todo eso... ¿para acabar leyendo las ocurrencias del famoso de turno  mientras compra jamón en el Corte Inglés?
A veces creo que, efectivamente, el fin de los tiempos está cerca...


lunes, 15 de junio de 2015

clases de frances en las rozas Franceintense.es
Un sujeto sin filiación descrita llega a un viejo caserón de una zona semirural de uruguay. No es el propietario, pero sin embargo es allí donde pretende instalarse para vivir. Las habitaciones están invadidas por el polvo y la humedad, la electricidad no funciona...  Finalmente el sujeto decide aventurarse en la noche lluviosa e inclemente e intentar llegar a un almacén cercano donde proveerse de lo imprescindible para poder cenar y dormir esa noche en el viejo inmueble.
 Inevitablemente se desorienta, se pierde, no sabe dónde está la casa ni el almacén. Hace auto-stop y es recogido por un camión que transporta basura y que incorpora en su equipaje a una pequeña y atractiva mujer. Ésta ignora con desdén al sujeto, pero imperceptiblemente se le va aproximando hasta que sus muslos se rozan.  Pronto el sujeto abandonará el camión. Pronto llegará a un poblado raro que se hace llamar ciudad, en medio de la nada, y en el que percibirá a cada momento un extraño pero casi imperceptible desajuste de la realidad, una sensación de que el orden natural de las cosas se quiebra en ese espacio, una sospecha de que tal vez todos los habitantes de ese lugar están tan sólo actuando, para convencerle de que se quede allí, de que no abandone nunca la ciudad...
No sé si con este resumen haré atractiva la última novela que he (re)leído, “La Ciudad” de Mario Levrero, una de esas obras que exploran la extrañeza de las cosas desde el lenguaje más diáfano y el relato de hechos cotidianos... o no tanto. Un autor muy original, fuera de corrientes literarias, que a lo largo de su vida cultivó un perfil bajo, ejerciendo además de  fotógrafo, librero, guionista de cómics, humorista y redactor jefe de revistas de ingenio. Y además su apellido parece hacer homenaje al tono de su obra, ya que rompe una de esas leyes de ortografía que nos enseñaran en la extinta EGB y que parecía inquebrantable...

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sábado, 13 de junio de 2015

Propiedad intelectual vs. Protección infantil


No hay duda de que existen causas nobles por las que vale la pena batirse el cobre, y que una de esas grandes causas bien podría ser la defensa de la propiedad intelectual, el pan de los “probes artristras”, y todas esas cosas.  Y no debería de ser yo quien alzara la voz contra la propiedad intelectual, pero me permito hacerlo porque ya he perdido definitivamente la esperanza de vivir de ella.
En sentido estricto esto no es un alegato contra la propiedad intelectual (refiriéndome sólo a los productos culturales), a la que respetaré en cuanto la pobreza me lo permita, sino contra su aparente constitución como principio sagrado de una sociedad madura, desarrollada. Veamos por qué:
En virtud de la defensa de los derechos de propiedad intelectual, se ha legislado para convertir al estado en mamporrero de una sociedad de gestión privada, al tiempo que se hace añicos la presunción de inocencia (canon digital), el habeas corpus, el sentido común y todas esas milongas por las que alguna vez algunos pensaron que valía la pena derramar su sangre o la de otros (preferiblemente). En virtud de esos derechos de unos pocos, de pronto un órgano administrativo ha asumido competencias judiciales para obligar a los proveedores de Internet a cerrar o bloquear el acceso a esas perniciosas webs, entre las que se cuenta, tal vez, el blog que alberga este texto.
¡Eso es protección y lo demás son cuentos!. Si señor. Con un par.
Sin embargo hoy, en nuestro país, un niño de ocho años puede acceder libremente a una web pornográfica en la que cinco mastuerzos penetran a un cacho de carne que una vez fue una persona, o a recibir en su correo electrónico una snuff movie que reproduce el meticuloso trabajo de unos narcos mejicanos separando la cabeza del tronco de su víctima, o puede pasar a formar parte de un chatroulette para disfrute de pederastas varios.Y digo yo: ¿Se pueden bloquear las webs piratas y no se puede hacer lo mismo con aquellas que no establezcan los filtros adecuados para garantizar la mayoría de edad de sus usuarios?. ¿Por qué se preserva como derecho sacrosanto la propiedad de un artista pero se deja expuesta la integridad del menor?. ¿Por qué cualquier creación audiovisual (o textual, como es este caso) merece más protección que la psique en formación de un menor?. ¿Qué tipo de sociedad puede considerarse madura si no arbitra los medios para el adecuado crecimiento de sus futuras generaciones?
Los medios existen. Siempre han existido. Pero hacer lo correcto es difícil. Sobre todo si no recibes votos por ello (o tu parte del botín). 
Y aunque triste sea decirlo, hoy en día en este país tomar una medida política con un carácter estrictamente moral (e impedir que menores accedan a pornografía lo es) parece cosa de otro siglo… o de otro mundo.

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Comentarios de un sociólogo indocumentado: La Disidencia Borreguil


La disidencia respecto a las normas impuestas, la capacidad de cuestionar  los dogmas buenistas imperantes, son en mi opinión uno de los síntomas de la salud mental y política de una sociedad. El plantearse (como ejercicio rutinario) si lo que nos dicen los políticos, mass media, intelectuales (y otros autoproclamados portavoces sociales)  es algo con sentido, o por el contrario  un intento más de manipulación, debería de ser el pan nuestro de cada día, y además no requiere seguramente más de cinco minutos diarios de ejercicio mental. Diez si se pertenece como yo al grupo de los lentos.

Sin embargo... sin embargo parece que en este país (como en toda nuestra historia reciente desde el siglo XIX) o nos quedamos cortos o nos pasamos tres pueblos y hasta cambiamos de autopista. Con el añadido de apuntar casi siempre hacia el objetivo equivocado.


Lo que quiero decir (y con esto lanzo un corolario para cerrar este árido post), es que todo el que se considere ciudadano con conciencia social, debería dedicar un  tiempo a reflexionar antes de lanzar cualquier proclama al aire. No porque no tenga el derecho a lanzarla, sino porque si no hace antes un análisis más global, seguramente se caiga en lo que en el fondo quieren todos nuestros gobernantes de izquierda, derecha o centro: adherirse sin darse cuenta al menú de soflamas simplistas e ignorantes que ponen a nuestra disposición. Y con esa adhesión conseguiremos cierta complacencia intelectual, cierto orgullo de tener las “ideas claras” respecto a la sociedad en que vivimos y a nuestro papel en ella.  

Pero, en realidad, nos convertiremos en hormiguitas muy orgullosas de sí mismas  pero profundamente ignorantes y por ello  incapaces de cambiar la forma en que está organizado el hormiguero. Que, por lo tanto, seguirá siendo manejado por los mismos mandangas de siempre, con el mismo desprecio por la ética y los valores que siempre.



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CLASES DE FRANCÉS EN LAS ROZAS
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